miércoles, 21 de junio de 2017

Gus se hace un perfil








Me llamo Gus. Supongo que soy hetero. Digo supongo porque cuando, además de a las chicas, te quedas mirando a los tíos en el gym, algo no encaja. Así que así fue la cosa: empiezas a curiosear, y los buscadores de Internet te ofrecen un sinfín de posibilidades. Tampoco es que empieces tecleando "bukkake de negros con salto mortal y doble pirueta", ya me entendéis. Primero buscas algo en plan "chicos". Te da pudor. Ves unas fotos, los ves sin camiseta, comparas sus abdominales con los tuyos, siempre desde un punto de vista objetivo y estético, y al final te dices que a qué estás esperando y pasas a algo un poco más subido. Cuando empiezan a salir rabos es el punto de inflexión. O cierras el navegador o exploras. Y a mí me siguieron dando curiosidad.
De las fotos a los vídeos solo hay un paso, porque ¿qué gracia tiene verlo sin movimiento? Pues eso. Y un imperio de los sentidos totalmente desconocido se abre ante ti cuando ves las cosas sorprendentes que pueden meterse en un culo o la cantidad diaria de lefa recomendada.
Vas definiendo lo que te gusta y lo que no. Y empiezas a mirar a los tíos de otra forma cuando te los cruzas por la calle, preguntándote si ellos también sentirán curiosidad. Y te cansas de verlo y quieres probarlo. Ahí está el problema. ¿Cómo lo haces?

miércoles, 20 de agosto de 2014

Relato: Elige tu propio polvo 0






Esto es parte de un relato, si quieres comenzar por el principio, pulsa aquí.



La verdad, estaría bueno y tendría ya mi mano en su culo, pero no tenía ganas de complicarme, que estaba de vacaciones. Así que le largué. El pobre estaba ya empalmado, y un bulto muy prometedor engordaba sus pantalones, pero le cerré la puerta en las narices y me fui a pajearme tan a gusto, como antes de que me interrumpieran.

Relato: Elige tu propio polvo 12








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No podía aguantar más, tenía que follarme a este chico guapo y tremendo. Así que le empotré contra la pared, le abrí las piernas  y se la metí. Golpeé mis caderas contra las suyas, metiendo la polla todo lo que podía, mientras observaba sus reacciones, su rostro y lo cachondos que nos estábamos poniendo.
  

Relato: Elige tu propio polvo 10






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Otra vez de pié y apretados, volvimos a besarnos. Primero fuimos despacio, pero poco a poco la pasión fue aumentando.
 
Nos sobábamos y nos restregábamos el uno contra el otro, mientras nuestras pollas se frotaban entre sí como si lucharan.

Relato: Elige tu propio polvo 9






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El ritmo llegó a ser tan frenético, me folló la boca tan fuerte, que tuve claro que tenía intención de correrse. No me importó: yo estaba tan caliente también que no hubiera podido aguantar más tiempo. Me pajeé mientras él me metía el pollón en la garganta sin piedad.
No disminuyó la intensidad ni siquiera cuando noté el primer chorro de lefa golpearme en la boca. Casi ni lo pude saborear. Iba tan fuerte que solo noté que estaba muy caliente y era abundante y espeso, antes de que bajara rápido directamente por mi garganta.

Relato: Elige tu propio polvo 8








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No pude más. Me corrí. Me corrí como un campeón, soltando litros de lefa. Grité, gemí de placer, mientras notaba el semen atravesando mi rabo, todavía chupado por el camarero.
 

 
El primer chorro, caliente, espeso y abundante, entró en su boca, y debió de bajarle por la garganta, de la fuerza que llevaba. Él reaccionó gimiendo y sacando mi polla de su boca, dejándola apoyada sobre su lengua, que seguía moviéndose debajo de mi rabo, y masturbándome con la mano.
  
 

Relato: Elige tu propio polvo 7






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Después me pidió que se la chupara. Me puse de rodillas mientras él quedaba de pié pegado a la pared. Su pollón, largo, gordo y duro, apuntaba directamente a mi cara, como un misil que fuera a estallar contra mí. Los huevos le colgaban como a un toro, y automáticamente me agarré a ellos con una mano mientras me metía la punta de su rabo en la boca, apretando con los labios y lamiendo con la lengua.
 

 
Él gimió, y me agarró la cabeza para que tragara más. Fui metiéndola toda despacio, poco a poco, sintiendo cada centímetro bajando por mi esófago. Era tan gorda que me cortaba la respiración, y no hacía más que salivar.