—Ostras... si es MegaGuy. Joder tío, y estás con el rabo al aire... Colega, me fliparía tocártelo... ¿Puedo?
Eso me dijo el chaval con pinta de gamberrete guapo que apareció en el callejón justo después de que salvara a la ancianita.
—Claro, ¿por qué no? —respondí alegremente. Da gusto tener fans tan dispuestos—. Adelante, no te cortes...
Y se me acercó llevándose una mano al paquete y sin quitar la vista de mi polla. El atracador que había detenido seguía atrapado pegado a la pared por mi megalefada, así que no hacía falta preocuparse por él.
El chico llego sonriente hasta mí, curvó aún más su sonrisa observando mi máscara, seguro que tratando de ver algo a través de ella, y al no conseguirlo se encogió de hombros. Luego bajó la vista a mi miembro, duro y goteando aún restos de la megalefada. Y sin dudar ni un momento me lo agarró y empezó a pajearme despacito.
—Mmmmm, qué rico —le dije bajito—. Tienes la mano caliente, y eres guapo, me gustas...
—¿Y tú eres guapo? ¿Qué hay debajo de la máscara?
—Secreto chaval. Conformáte con lo que hay debajo de mi pantalón...
Volvió a sonreír, y mientras me pajeaba con una mano con la otra fue acariciándome el torso, explorando mi pecho y mi abdomen sobre el traje. Luego clavó las rodillas en el suelo del callejón y se quedó mirando fijamente mi rabo, mientras me ponía las manos en el culo. Por fin abrió la boca, sacó la lengua y lamió húmedamente mi glande. Torció la cabeza y bajó a la lamerme los huevos, para después subir despacio recorriendo con la lengua toda la longitud de mi pollón, que para entonces palpitaba como loco de excitación.


