Por las mañanas trabajo de becario en el departamento de comunicación de una empresa. Hago lo que me manden, especialmente componer post para el blog, que luego revisa mi jefe, un tío bueno impresionante, algo mayor que yo, muy guapo (no sé si me da más morbo con las gafitas o sin ellas), y con pinta de buenorro debajo de la camisa, que me pone… Buff! Además parece tímido, y buena persona, así que me gusta un montón, aunque claro, no parece gay y es mi jefe, así que ni se me ocurre tirarle la caña. Se llama Matt.
Cuando no
patrullo las calles como MegaGuy, cuando soy un civil más, dirijo el
departamento de comunicación en la empresa donde trabajo, aunque eso ya os lohe contado. Siendo Matt soy bastante más tímido que siendo MegaGuy. Soy… pues
una persona normal, supongo. Cada mañana, a unos metros de mi mesa, se sienta
un becario nuevo. Un chico guapo, de pelo revuelto y fibradito. Me gusta su
expresión, me da buen rollo. Después de andar tanto entre criminales, uno
aprende a distinguir a los buenos, y este chico me gusta muchísimo. Ojalá no
fuera su jefe, porque no sentiría que es tan inapropiado. O que al menos me
diera alguna señal de que le van los tíos. Eso ayudaría también. Pero supongo
que un chaval así tendrá novias mil y no se fijará en el tarado cuatro ojos de
su jefe, algo mayor que él y que tartamudea cuando le habla. Aunque también él
es patoso, deliciosamente patoso. Siempre se está tropezando o tirando cosas.
Me encanta. Se llama Álex.



