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miércoles, 7 de marzo de 2018

Compartiendo a Gus


Volví a ver de vez en cuando a mi madurito después de aquella primera vez, aunque no para maratones de sexo como entonces, simplemente para polvazos puntuales. Y siguió pagándome; yo ya no pensaba en ello, sabía que lo hubiera hecho igual sin dinero. No voy a mentirme a mí mismo: me gustan los tíos buenos, y de hecho este es el único maduro al que me follo. Es más que probable que no me lo hubiera ni planteado si él no me hubiera hecho la oferta económica que me hizo pensarlo. Es totalmente opuesto a como me gusta un hombre: calvo, gordo, mayor y muy peludo. Pero aunque ahora tengo un follamigo y la intención de formar un grupito, y me tiro chicas a puñaos, sigo viéndole. Me pone muy cachondo saber que un señor así, mayor, maduro, con su traje, todo un ejecutivo, se vuelve inseguro y casi tímido conmigo. Me gusta saber cuánto le excito, me hace sentir genial, y seguimos follando. El sexo también es estupendo: se esfuerza un montón. Está el tema de los pies, que a mí no me va, pero él es un poco fetichista. Tampoco demasiado, por ejemplo no le van las zapas, y puedo ir con los pies limpios, no le va el olor. Se limita a juguetear con ellos un rato y lamerlos. A mí ni fu ni fa, pero le concedo ese momento.


Hoy, sin embargo, me ha parecido que ocurría algo raro cuando he llegado a su casa. Me ha recibido en camisa, sin corbata, en vez de con el traje completo, como suele hacer. Y cuando me ha llevado al salón he visto en la mesa dos posavasos y un solo vaso.


Mi madurito (debería preguntarle el nombre alguna vez) estaba algo nervioso, y ha empezado a hablar a trompicones. Me ha dicho que en su habitación tiene a un amigo al que ha hablado de mí, y básicamente quiere que me enrolle con él.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

La Nochevieja de Gus y Edu



Era Nochevieja o, mejor dicho, ya Año Nuevo. Tras celebrar el paso de año con mi familia salí por ahí. Suelo ir de fiesta con los amigos y empezar el año follando un chochete, pero esta vez me había dejado liar por Edu, que me había prometido una sorpresa muy especial. A saber lo que habría preparado ese loco. Me apetecía estrujar un buen par de tetas para empezar bien el año, pero reconozco que apretarme el culo fantástico de Edu tampoco sería mal comienzo.


Me llevó a un garito que resultó ser un bar gay, lleno de tíos de todas las edades y condiciones, que me miraban al pasar.




—Joder Edu, ¿pero a dónde me has traído?


—Tranquilo, tú tómate algo mientras voy a comprobar que esté todo preparado.


—¿Preparado? ¿Preparado el qué? A ver la que estás liando que a mí esto me mosquea...


Pero se marchó sin hacerme caso, así que pedí una copa, sintiéndome observado por los chicos de alrededor. No es que me molestara ser el centro de atención, pero me empezaba a agobiar tanta miradita, y fue peor cuando empezaron a entrarme y tuve que empezar a decir que no. A punto estuve de enrollarme con algún buenorro de lo harto que estaba de esperar a Edu, cuando por fin apareció, le dijo "quita fresca" al tío que trataba de ligar conmigo en ese momento y me llevó a rastras.


—No se te puede dejar solo ¿eh? —me dijo mientras tiraba de mí hacia una escalera al fondo del local— Me voy un momento y ya tienes una corte de pretendientes.


—Es que te has ido mucho rato y yo estoy bien rico. La próxima no te espero.


—Ya , pues te hubieras perdido tu sorpresa —dijo mientras subíamos la escalera y yo me temía que fuera a meterme en algún cuarto oscuro de esos y pasara cualquier cosa—. Ya sabes que en Nochevieja hay varias tradiciones: comer las uvas, almorzar lentejas, dar un salto hacia delante... Bueno, pues yo voy a hacerte el favor de tu vida. Este local tiene un salón privado que me han prestado (la polla del dueño es una vieja amiga de mi culo), y he organizado una nueva tradición: ¡la ginkana del folleteo! He hecho un hastag y todo: #ginkanafolleteo.


—¿Qué mierda de nombre es ese? —respondí desconcertado.


—Bueno, al nombre ya le daré una vuelta cuando se convierta en costumbre internacional. El caso es que he tirado de agenda para que ganes experiencia en esto de follar con chicos, y puedas comparar y darte cuenta de la suerte que tienes de que mi culo esté siempre preparado para ti.


—Claro, como que a ti no te gusta esta —repuse agarrándome el paquete y haciendo un gesto obsceno que Edu ignoró completamente.


Abrió la puerta de la sala privada y lo que vi me dejó sin palabras. Dentro había 11 chicos, 12 si contamos a Edu, repartidos por la sala, cada uno en alguna postura sexual, alguno vestido pero casi todos en bolas, como esperándome a mí, de varias edades y aspectos. Me empalmé al instante y salivé de gusto...

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Edu y Gus repiten







Pocas veces repito polvo con alguien: en la variedad está el gusto. Pero cuando encuentro un rabazo bueno me replanteo mis opciones. O quizás es que estoy sentando la cabeza, yo qué sé. El caso es que cuando Gus me dijo que si nos veíamos para repetir polvazo, acepté.


No sé si fue un error, porque ahora le tengo ahí, en mi sofá, contándome no sé qué muermazo sobre un viejuno que se folló el otro día. Lo cierto es que el chaval está bien rico, con su pinta de malote, su ropa deportiva, su cuerpazo marcado y su rabo interminable. Pero la chapa que me está soltando me aburre. Por mí genial si le encantó con el gordo, pero que no me venga con que ese culo gordo pero plano (son sus palabras) era mejor que el mío bien firme y redondito. Si no lo fuera no habría vuelto: está claro que quiere comparar porque recuerda lo bien que le sentó follar mi agujerito cerrado. Pero me aburro, y cuando me aburro me da hambre. Y tenía bien claro lo que quería comerme. Llevaba un rato sin escucharle, así que ni siquiera sé lo que decía cuando le interrumpí con una frase del estilo de "sí, sí, está genial que expandas tus horizontes sexuales" y eché mano ávida de su paquete.


Y justo entonces:


—¡Cariño, soy yo! ¡Sácate lo que tengas en la boca! —Se oyó decir desde la puerta de entrada con voz chillona. Gus dio un respingo.


—¿Qué coño es eso? —dijo quitándome bruscamente la mano del paquete.


—Mi madre —dije masajeándome las sienes, anticipando lo que se avecinaba. En qué mala hora le di llaves de mi casa... Que si mira que si un día las pierdes, o se te olvidan, o algo, así no tienes que llamar al cerrajero. Un argumento convincente, y piqué como un pardillo.


Así que la buena señora apareció en mi salón. Se quedó plantada cuando vio a Gus sentado a mi lado. Le miró de arriba a abajo y frunció el ceño como solo saben hacerlo las madres.


—Buenas —dijo, un poco seca. Y luego se dirigió a mí con un susurro perfectamente audible—: cariño, si esto es un atraco y no puedes decirme nada, guiña un ojo dos veces y aviso a la policía.


—Mamá, no es un atraco. te presento a Gus, un amigo.


—Ah. Como con esas pintas parece un macarra...

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Gus se folla a un... ¿DILF?

No sé si D.I.L.F. (dad I'd like to fuck) lo describe bien... Yo había tenido fantasías con las madres de mis colegas. Bueno, con las que tienen bigote no... Y había visto alguna escena porno con M.I.L.F.'s. Pero para empezar no sé si el madurito con el que contacté el otro día  es padre, y además no es que sea especialmente atractivo. Lo tenía ahora delante de mí, impecablemente vestido con su traje caro y sus zapatos brillantes, y no era precisamente George Clooney a pesar de ello. Calvo, con más pelo en la barba que en la cabeza. Cara redonda y mofletuda. Barriga que su americana no ocultaba. Y más que rechonched en general. Salvo en el culo. ¿Por qué tantos hombres, con los años, desarrollan un culo plano? Él lo tenía grande, porque estaba gordo, pero plano, inexistente. Le faltaba una dimensión. Era perturbador. Menos mal que solo le vi por detrás cuando me guió desde la puerta de entrada hasta el salón de su casa.

Y esa es otra. Porque ahí estaba. Había cumplido como quedamos y fui el sábado por la mañana a verle. Y me encontré con un decorado rococó fuera del tiempo. La alfombra era un crimen. Y que las paredes y tapizados fueran a juego era inenarrable. No soy especialmente culto, nunca pensé que en mi vida usaría la palabra inenarrable. Ni siquiera sé cómo la conozco, a quién se la habré oído, pero ahora se había instalado en mi cerebro y no había forma de acallarla. Mirara donde mirara una vocecita repetía "inenarrable, inenarrable".

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Gus practica cybersexo

Decidí coger el portátil y revisar el perfil social que tantas alegrías me estaba dando en esto de conocer colegas a los que perforar el culo. Tenía varios mensajes. Volvía a haber un mensaje como aquel que me pareció gracioso al principio, el de la poesía:


Menudo rabo,
si quieres te lo ordeño.

Con mucho gusto te la mamo

y encima te doy dinero




Ya había probado a comerme un rabo y a que me la comiera otro chico. Y por fin me había follado un culo, además el de un chaval que me había flipado y al que seguro volvería a follarme muchas veces. Me pregunté si tal vez podría explorar un poco más. Sentía curiosidad por tríos, orgías, gang bangs, penetración doble... Un montón de cosas que a los actores porno parece encantarles. Incluso me fliparía ser actor porno. Pero no estaba seguro sobre lo de hacerlo por dinero. Aunque en eso consiste también lo de ser actor porno...


Decidí que tampoco perdía nada por echar un vistazo al perfil de ese tío. Sin fotos y poca descripción: cuarenta y muchos que ya serían cincuenta y tantos probablemente, una relación estatura-peso que sugería que estaba fondoncillo, y velludo. Tampoco me daba muchos datos. La verdad es que me dio morbete pensar en follarme a un hombre mayor que yo. Es como una fantasía con una milf, pero con un señor. Así que tomé una decisión un poco para justificarme a mí mismo: si me dejaba verlo y físicamente me excitaba, aceptaría hacerlo, al margen del dinero (si me paga mejor, joder, pero no sería por eso). Le mandé un mensaje.


Al día siguiente revisé el perfil (no lo llevo en el móvil por discreción). Tenía la respuesta, y además él estaba también conectado justo entonces. Su mensaje decía que no me pasaba fotos, que no estaba fuera del armario. Nos fuimos mandando mensajes, yo diciendo que sin verle no quedaría, él resistiéndose y ofreciéndome pasta. Parecía un hombre educado y amable, lo cierto es que me cayó bien y me dio confianza, pero de todas formas quería verle. Al final supongo que el tío no quería perder la oportunidad de tener mi rabo, porque con reticencias accedió a que nos viéramos por cam.

martes, 31 de octubre de 2017

Terroríficas aventuras sexuales de Gus




Estaba, algo confuso, tumbado bocarriba en mi cama, que se movía bastante. Incorporé la cabeza un poco para averiguar por qué, y pasando la vista por mi abdomen llegué hasta mi rabo, que desaparecía dentro de un coño muy rico. Eso hizo que me espabilara bastante. Abrí mucho los ojos y me aseguré de que, efectivamente, me estaba follando un coño estupendo, muy húmedo y calentito, y que se tragaba mi pollón desde la punta hasta las pelotas. ¿Pero qué cojones estaba pasando? No me acordaba de nada... ¿Habría salido de fiesta y me había ligado a la piba que me estaba empotrando? ¿Me habrían drogado y por eso no me acordaba de nada? No creo: levantando la vista comprobé que esa chica tan buenorra no necesitaría drogar a nadie, cualquiera querría follársela: bonitas piernas en torno a mis caderas, precioso vientre, tetazas enormes que se movían hipnóticamente con sus subidas y bajadas, cuello largo enmarcado por una melena de rizos dorados y muy, muy guapa. Al llegar a su rostro me sorprendí todavía más: la chica tenía ocupada la boca con una polla. Todavía me sentía confuso, y cerré los ojos fuerte. Los abrí de nuevo unos segundos después, pero nada había cambiado; seguía follándome a esa diosa del sexo. Miré mi rabo, adentrándose en su chochito, y luego de nuevo el rabo que se estaba zampando ella, como para comprobar que no era el mío. Y ya me espabilé del todo.


Seguí aquel rabo hasta su propietario: un chico con buen cuerpo, músculos que se contraían al darle polla a la chica y un rostro sexy y guapo coronado por rizos también rubios, aunque cortos.
¿Qué cojones era todo esto? ¿Cómo me había ligado a estos dos? ¿Serían una parejita liberal? No me acordaba de cómo habíamos acabado en mi propia cama...

miércoles, 23 de agosto de 2017

Gus se folla un culo, segunda parte





—Apuesto a que mi polla puede hacer por tu culo tanto como tu culo por mi polla... —Le aseguré. Su invitación me había puesto a mil.


Llegamos a su cuarto, y me empujó sobre la cama, con sábanas azules como las de la foto que me había enviado. Quedé en ella boca arriba, y él se puso encima, de espaldas, ofreciéndome su culo. Ahora que lo veía tan cerca me pareció de ensueño. Noté perfectamente como mi polla se endurecía todavía más viendo esa redondez suave, el canal entre las nalgas, el ano diminuto entre medias, las piernas rodeando las mías, sus huevos y su polla dura, debajo. Alargué una mano y le acaricié los testículos, agarrando luego su rabo y masturbándole despacio. Gemía bajito.
Después me asaltó el pánico: tenía su agujerillo ahí, cerradito, apretado. Y yo me miraba mi rabo y pensaba que ni de coña entraba por ese huequecito. Y no supe qué hacer, no quería hacerle daño, aunque sabía que el sexo anal puede costar un poco. Quería que fuera bien, para mí estaba siendo genial, y no quería cagarla por mi inexperiencia de novato.


—Eeeeh, oye... la verdad es que no sé muy bien qué hacer ahora —le confesé—. Es decir, sé que quiero follarte, disfrutar a pollazos de este pedazo de culo, pero no quiero que te duela...


—Eres un encanto para ir tan de chulito —me dijo divertido—. Mira, entiendo que te has comido algún coño alguna vez. Es parecido, tú imagina que es lo mismo, y cuando esté listo te avisaré para que "disfrutes a pollazos".


Así que me dispuse a hacerlo.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Gus se folla un culo, primera parte


Mi primera mamada con otro chico fue realmente genial. Al final quedamos en que nos avisaríamos si alguna vez nos apetecía comernos los rabos. Pero yo quería más. Quería follar.


Me acordé del mensaje que recibí en el perfil que me hice de un chaval que me pareció guapo, aunque con pluma. Entré en mi cuenta. Tenía tres mensajes más: un viejuno, uno con una foto a todas luces falsa y un feúcho. Este último me cayó simpático, siempre he pensado que los feos y las feas se esfuerzan más, por compensar supongo, y te dan grandes polvos. Por un momento me dio curiosidad... Pero el chico que recordaba me pareció guapete, y busqué entre los mensajes antiguos.


Ahí estaba: un chico de 25 años, aunque aparentaba 18, rubito, melenita, delgado, imberbe. Un poco pose en las fotos, se le veía algo femenino, pero no pensé que eso fuera a impedir que se me pusiera bien dura si en la realidad era como en las fotos. Le contesté al mensaje aclarando que buscaba follar, por si acaso. Las mamadas estaban muy bien, pero yo quería mojar el churro ya.


Al día siguiente entré al perfil. Junto con otro par de mensajes que no me gustaron estaba uno del chaval. Por toda respuesta me enviaba una foto con su culazo. Suave, redondito y precioso. Me empalmé antes de darme cuenta. Parecía un poco el trasero de una chica, sin vello en las piernas y delgado, si no fuera por los huevos y el rabo que asomaban debajo. Se me hizo la boca agua.



Le contesté enseguida para quedar.

miércoles, 26 de julio de 2017

Protagonistas de los relatos: Gus








Gus es un chaval de barrio, buena gente. Pronto descubrió que no tenía disciplina para los estudios, así que comenzó a trabajar en lo que iba saliendo. Sin embargo no es para nada un chico ignorante o sin cultura, simplemente algo perezoso para las actividades intelectuales, prefiriendo las físicas.

Y físicamente no puede quejarse: Moreno, pelo corto, casi rapado, y guapo. Rostro alargado, ojos oscuros y labios muy besables.

A sus 20 años ha desarrollado ya un cuerpazo bien marcado y definido, con buenos pectorales y abdominales. No tiene más vello en el torso que el que le escala desde el rabo hasta el ombligo, y que él se recorta hasta que parece una fila de hormigas recorriendo su piel caliente.


Buenos brazos, buenas piernas y un culo que es territorio inexplorado completan su físico tremendo, que le permite fácilmente ligar con quienquiera. Y aquel o aquella con quien ligue se lleva la sorpresa de su vida al bajarle los pantalones y descubrir su polla, un miembro realmente apetecible de 22 cm de carne dura, un poquito curvado hacia la izquierda, circuncidado y con unos huevos gordos siempre llenos de una enorme cantidad de lefa que sale disparada en chorros potentes y enormes que empapan todo alrededor.





 



miércoles, 5 de julio de 2017

El primer rabo de Gus, segunda parte




 
Como os decía antes, ya en el descansillo de su casa yo estaba realmente cachondo y con el rabo duro. Al menos todo lo duro que podía ponerse apretado en mis vaqueros. La bragueta iba a estallarme de un momento a otro.


El chaval abrió la puerta y me cedió el paso. Entré en un pasillo corto y me di la vuelta, a tiempo de pillarle:

—¿Me estabas mirando el culo?

—Pues claro. —Sonrió—. ¿O es que tú no lo habrías hecho?
No me dio tiempo de pensar la respuesta, mientras cerraba la puerta me dio la espalda, e inevitablemente mis ojos se fueron a su trasero. Opté por no decir nada.

Me miró sin perder la sonrisa y me indicó que siguiera avanzando. Entré al salón, espacioso y luminoso. Me cogió desprevenido por detrás, tomando la iniciativa y sin perder un momento. Su brazo izquierdo me rodeó el pecho. El derecho quedó en mi abdomen, bajando lentamente hacia mi paquete, como dándome la oportunidad de evitarlo si eso era lo que quería. Su cadera estaba pegada a mis nalgas. Y su aliento me calentaba el cuello.

—¿Quieres tomar algo? —Me preguntó, con la voz algo ronca. No respondí, estaba ocupado con la sensación de sus labios en mi cuello. Estaba afeitado, pero notaba lo rugoso del vello de su piel, diferente a la suavidad de los besos de una chica.
Su mano descendió por fin hasta mi paquete, con un sprint en el último momento, y ahí quedó, apretando el bulto palpitante de mi rabo cada vez más grande.
Eso me hizo apartar mi pensamiento de su tacto en mi cuello para dirigirlo hacia su rabo. Notaba contra mi culo un bulto probablemente igual de excitado que el mío. No pude evitar ponerme nervioso y apartarme un poco.

Me giré hacia él y le vi algo desconcertado, aunque al poco me sonrío divertido.

—¿Nervioso?

—Un poco —confesé.

—Podemos hacerlo como quieras —me dijo, y se mordió el labio inferior antes de proseguir—. Mira, te entiendo muy bien, no hace mucho que yo estuve en esa situación. Podemos hablar, volver a la calle y tomar algo, jugar un rato a la Play... O probar a besarnos y ver cómo te sientes...

Se quedó muy quieto, como si yo fuera un ciervo que fuera a huir ante cualquier movimiento. Me dejaba decidir. No sé, a lo mejor me asustó un poco no controlar la situación. A lo mejor era más fácil si tomaba yo la iniciativa. Así que decidí tomar el toro por los cuernos, que para eso estaba allí. Volví a pegarme a él y opté por su última sugerencia, un beso. Le agarré por la cintura, como hubiera hecho con una chica. Y le besé, un poco de sopetón.
Nuestros labios se acariciaron, y volví a sentir la extrañeza de su piel raspándome muy levemente.

Fue un beso lento, que poco a poco se hizo más apasionado, cuando me decidí e introduje la lengua en su boca. Le acaricié su lengua, sus dientes, el interior de sus labios. Me sentía más cómodo llevando el control. Mis manos fueron moviéndose, pasando de su cintura a su trasero. Nuestros paquetes se rozaban y mi polla presionaba la suya a través de los vaqueros.

Creo que deliberadamente me cedió la iniciativa para que me sintiera más como en una relación heterosexual, aunque poco a poco fue avanzando de nuevo, tocándome, besándome, llegando a un quid pro quo equilibrado entre ambos.

En algún momento, no sabría decir cuánto tiempo había pasado, se apartó un poco y se quitó la camiseta. Tragué saliva. Estaba realmente demoledor. Me gusta mi cuerpo, pero reconozco que el chaval estaba muy, muy rico. Y no se detuvo ahí; sin dejar de mirarme se bajó los pantalones y se los quitó quedando en calzoncillos y con todo el rabo bien marcado. Me relamí involuntariamente mientras él se la agarraba por encima de la ropa interior.




Su polla creaba un bulto en sus calzoncillos que permitía adivinar lo que escondían, y por la parte superior se escapaba su vello púbico, recortado pero bastante más largo de lo que lo llevaba yo.

miércoles, 28 de junio de 2017

El primer rabo de Gus, primera parte



He pasado toda la mañana en clase deseando volver a casa para ver cómo ha ido el perfil que hice anoche (léelo aquí). No he querido mirarlo desde el móvil, en la calle. Prefiero hacerlo desde el ordenador. Me pregunto si me habrá visto alguien, y si tendré mensajes. Si no, echaré un vistazo a ver qué tíos hay por la zona, pero casi prefiero ver si alguien me ha entrado.

Cuando llego a casa no hay nadie, así que voy directo al ordenador y me conecto al perfil. ¡37 mensajes! me pongo nervioso y todo...

Vale, el primero es de bienvenida, pasando. Unos cuantos de señores tan viejos que me maravilla y me llena de esperanza hacia la ancianidad el que todavía deseen sexo. Otros en los que me piden fotos guarras. Alguno con un lacónico "hola" asociados a perfiles sin fotos ni datos ni ná de ná. Y alguno en el que sin venir a cuento me insultan. No faltan tampoco los que me ofrecen dinero o regalos. Me hace especial gracia uno que me dice:



Menudo rabo,

si quieres te lo ordeño.

Con mucho gusto te la mamo

y encima te doy dinero:

30€



Me hace tanta gracia que no lo borro de inmediato, pero empiezo a perder la esperanza. Quizás no ha sido tan buena idea esto...

miércoles, 21 de junio de 2017

Gus se hace un perfil








Me llamo Gus. Supongo que soy hetero. Digo supongo porque cuando, además de a las chicas, te quedas mirando a los tíos en el gym, algo no encaja. Así que así fue la cosa: empiezas a curiosear, y los buscadores de Internet te ofrecen un sinfín de posibilidades. Tampoco es que empieces tecleando "bukkake de negros con salto mortal y doble pirueta", ya me entendéis. Primero buscas algo en plan "chicos". Te da pudor. Ves unas fotos, los ves sin camiseta, comparas sus abdominales con los tuyos, siempre desde un punto de vista objetivo y estético, y al final te dices que a qué estás esperando y pasas a algo un poco más subido. Cuando empiezan a salir rabos es el punto de inflexión. O cierras el navegador o exploras. Y a mí me siguieron dando curiosidad.
De las fotos a los vídeos solo hay un paso, porque ¿qué gracia tiene verlo sin movimiento? Pues eso. Y un imperio de los sentidos totalmente desconocido se abre ante ti cuando ves las cosas sorprendentes que pueden meterse en un culo o la cantidad diaria de lefa recomendada.
Vas definiendo lo que te gusta y lo que no. Y empiezas a mirar a los tíos de otra forma cuando te los cruzas por la calle, preguntándote si ellos también sentirán curiosidad. Y te cansas de verlo y quieres probarlo. Ahí está el problema. ¿Cómo lo haces?