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miércoles, 7 de marzo de 2018

Compartiendo a Gus


Volví a ver de vez en cuando a mi madurito después de aquella primera vez, aunque no para maratones de sexo como entonces, simplemente para polvazos puntuales. Y siguió pagándome; yo ya no pensaba en ello, sabía que lo hubiera hecho igual sin dinero. No voy a mentirme a mí mismo: me gustan los tíos buenos, y de hecho este es el único maduro al que me follo. Es más que probable que no me lo hubiera ni planteado si él no me hubiera hecho la oferta económica que me hizo pensarlo. Es totalmente opuesto a como me gusta un hombre: calvo, gordo, mayor y muy peludo. Pero aunque ahora tengo un follamigo y la intención de formar un grupito, y me tiro chicas a puñaos, sigo viéndole. Me pone muy cachondo saber que un señor así, mayor, maduro, con su traje, todo un ejecutivo, se vuelve inseguro y casi tímido conmigo. Me gusta saber cuánto le excito, me hace sentir genial, y seguimos follando. El sexo también es estupendo: se esfuerza un montón. Está el tema de los pies, que a mí no me va, pero él es un poco fetichista. Tampoco demasiado, por ejemplo no le van las zapas, y puedo ir con los pies limpios, no le va el olor. Se limita a juguetear con ellos un rato y lamerlos. A mí ni fu ni fa, pero le concedo ese momento.


Hoy, sin embargo, me ha parecido que ocurría algo raro cuando he llegado a su casa. Me ha recibido en camisa, sin corbata, en vez de con el traje completo, como suele hacer. Y cuando me ha llevado al salón he visto en la mesa dos posavasos y un solo vaso.


Mi madurito (debería preguntarle el nombre alguna vez) estaba algo nervioso, y ha empezado a hablar a trompicones. Me ha dicho que en su habitación tiene a un amigo al que ha hablado de mí, y básicamente quiere que me enrolle con él.

miércoles, 24 de enero de 2018

Cuando el conductor del bus pilló a Álex y a Hugo, parte 2


Me sorprendió un poco que el conductor mantuviera la erección a sus años, tras lefarle el careto a Hugo (léelo aquí), pero el tío rápidamente enfiló su polla hacia mi ano, teniéndola durita todavía, y con la ayuda de la lubricación de su propio semen se preparó para encularme. Yo estaba tumbado sobre los asientos del bus, tal y como me había pedido, con las piernas levantadas y el culo abierto. Sentí un instante su rabo junto a mi culo, y luego todo sucedió de sopetón: su rabo estaba dentro de mí, con una embestida seca que lo clavó hasta los cojones. Me agarré a los respaldos de los asientos sofocando un grito, mientras Hugo me miraba poniendo cara de susto. Debía de haberle dolido hasta a él...

La polla del chófer recuperó la dureza que hubiera podido perder, al moverla dentro de mi culo apretado. Yo la sentía rígida, incólume, una barra de acero follándome sin piedad. Su pronunciada curvatura aumentaba la sensación de fricción y sentía ese roce estimulando mi ano y mi interior. Mi culo caliente se abría cada vez más, y esa polla entraba y empujaba sin piedad, dándome caña de la buena y enseñándome cómo podía follar un hombre maduro. Mi rabaco reaccionó al instante aumentando su dureza y soltando un hilo de líquido preseminal que se bamboleaba desde la punta, al compás de los empujones que el conductor me metía y que me deslizaban sobre el asiento, de la fuerza con que me embestía. Siendo tan patoso como soy, a punto estuve alguna vez de caerme del asiento y quedar encajado en el hueco con los asientos de delante. Parecía que estaba en un puto terremoto, tan grande era el ímpeto de esa follada.

miércoles, 17 de enero de 2018

Cuando el conductor del bus pilló a Álex y a Hugo, parte 1


Después de aquel día en que follamos en casa de Hugo, volvimos a nuestra rutina de comernos los rabos en el bus. El trayecto entre la parada en que nos quedábamos solos y la nuestra no era muy largo, así que nos turnábamos: unas veces se la comía yo y otras me la comía él. El que recibía la mamada, mientras, le hacía una paja al otro. El poco espacio entre los asientos no permitía tampoco mucho más.


Yo estaba deseando repetir una follada (lo habíamos hecho aquella primera vez en su casa, luego otra después de que nos la chuparan en el centro comercial, y una tercera vez, estupenda, por Navidad), pero no surgió que su casa volviera a quedar vacía, y en la mía imposible. Y notaba que él también quería repetir. Nos empezamos a llevar bastante bien y a hacernos amigos. Alguna vez quedamos incluso simplemente para tomar algo.


Un día volvíamos como siempre, yo de mis prácticas como becario y él de sus clases en la Universidad. Ya no nos molestábamos en disimular que nos conocíamos, y cuando se subía al bus Hugo se sentaba en el asiento al lado del mío. Eso facilitaba las cosas cuando el bus se vaciaba y uno de los dos desaparecía tras el asiento y daba gusto al otro. Muchas veces me pregunté lo que pasaría si el chófer, un hombretón maduro y grande, calvo y con pinta de brutote, alguna vez mirara el retrovisor y viera que en lugar de dos chicos solo había uno, y que este tenía una sorprendente cara de gustito...

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Gus se folla a un... ¿DILF?

No sé si D.I.L.F. (dad I'd like to fuck) lo describe bien... Yo había tenido fantasías con las madres de mis colegas. Bueno, con las que tienen bigote no... Y había visto alguna escena porno con M.I.L.F.'s. Pero para empezar no sé si el madurito con el que contacté el otro día  es padre, y además no es que sea especialmente atractivo. Lo tenía ahora delante de mí, impecablemente vestido con su traje caro y sus zapatos brillantes, y no era precisamente George Clooney a pesar de ello. Calvo, con más pelo en la barba que en la cabeza. Cara redonda y mofletuda. Barriga que su americana no ocultaba. Y más que rechonched en general. Salvo en el culo. ¿Por qué tantos hombres, con los años, desarrollan un culo plano? Él lo tenía grande, porque estaba gordo, pero plano, inexistente. Le faltaba una dimensión. Era perturbador. Menos mal que solo le vi por detrás cuando me guió desde la puerta de entrada hasta el salón de su casa.

Y esa es otra. Porque ahí estaba. Había cumplido como quedamos y fui el sábado por la mañana a verle. Y me encontré con un decorado rococó fuera del tiempo. La alfombra era un crimen. Y que las paredes y tapizados fueran a juego era inenarrable. No soy especialmente culto, nunca pensé que en mi vida usaría la palabra inenarrable. Ni siquiera sé cómo la conozco, a quién se la habré oído, pero ahora se había instalado en mi cerebro y no había forma de acallarla. Mirara donde mirara una vocecita repetía "inenarrable, inenarrable".

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Gus practica cybersexo

Decidí coger el portátil y revisar el perfil social que tantas alegrías me estaba dando en esto de conocer colegas a los que perforar el culo. Tenía varios mensajes. Volvía a haber un mensaje como aquel que me pareció gracioso al principio, el de la poesía:


Menudo rabo,
si quieres te lo ordeño.

Con mucho gusto te la mamo

y encima te doy dinero




Ya había probado a comerme un rabo y a que me la comiera otro chico. Y por fin me había follado un culo, además el de un chaval que me había flipado y al que seguro volvería a follarme muchas veces. Me pregunté si tal vez podría explorar un poco más. Sentía curiosidad por tríos, orgías, gang bangs, penetración doble... Un montón de cosas que a los actores porno parece encantarles. Incluso me fliparía ser actor porno. Pero no estaba seguro sobre lo de hacerlo por dinero. Aunque en eso consiste también lo de ser actor porno...


Decidí que tampoco perdía nada por echar un vistazo al perfil de ese tío. Sin fotos y poca descripción: cuarenta y muchos que ya serían cincuenta y tantos probablemente, una relación estatura-peso que sugería que estaba fondoncillo, y velludo. Tampoco me daba muchos datos. La verdad es que me dio morbete pensar en follarme a un hombre mayor que yo. Es como una fantasía con una milf, pero con un señor. Así que tomé una decisión un poco para justificarme a mí mismo: si me dejaba verlo y físicamente me excitaba, aceptaría hacerlo, al margen del dinero (si me paga mejor, joder, pero no sería por eso). Le mandé un mensaje.


Al día siguiente revisé el perfil (no lo llevo en el móvil por discreción). Tenía la respuesta, y además él estaba también conectado justo entonces. Su mensaje decía que no me pasaba fotos, que no estaba fuera del armario. Nos fuimos mandando mensajes, yo diciendo que sin verle no quedaría, él resistiéndose y ofreciéndome pasta. Parecía un hombre educado y amable, lo cierto es que me cayó bien y me dio confianza, pero de todas formas quería verle. Al final supongo que el tío no quería perder la oportunidad de tener mi rabo, porque con reticencias accedió a que nos viéramos por cam.