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miércoles, 8 de noviembre de 2017

Protagonistas de los relatos: Mike





Mike es un tiarrón de 35 años y piel de ébano. Piel que cubre un cuerpazo digno de un modelo fitness, musculoso y bien marcado. Brazos fuertes y pectorales grandes; abdominales duros y piernazas; un cuerpo perfecto, en resumen. Se lo curra bastante en el gym, donde además a veces incluye rutinas bastante calientes.

Sin embargo, la mejor parte de Mike está debajo de su pantalón de chándal. Nunca se ha medido el rabo, pero sabe que es el más grande que ha visto, y con un físico así Mike tiene bastante experiencia con chicos. Tal vez más de 25 ó 26 cm, por no hablar de su grosor.
Un buen pepito de chocolate relleno de rica crema para aquel que tenga una mandíbula lo bastante flexible como para tragarlo. O como para recibirlo por el ojete, si aguantan esa tercera pierna imponente abriendo su culo y rellenándoles.
Mike es gay, masculino y versátil, aunque mucho más activo. Si hace falta poner el culo para disfrutar de un buen polvo, Mike lo hace. Pero incluso los activos salivan al ver su rabo, y es natural que sientan curiosidad por probarlo. Un reto solo para los mejores culos. Pero si lo aceptan, Mike sabe cómo manejar su herramienta para que la experiencia sea la mejor de su vida.





Dicen que el chocolate es sustitutivo del sexo, pero lo mejor es tener sexo y chocolate, y Mike es el mejor ejemplo.


Para colmo es un buen hombre, inteligente, sencillo y honesto, que sabe disfrutar la vida y amigo de sus amigos. Todo un partidazo.



Edu va a ser el primero del grupo en darse cuenta de ello, y cuando el mejor culo se junte con la mejor polla, saltarán chispas.




Pero Edu no es egoísta, y seguro que comparte su descubrimiento con el resto del grupo... antes o después. Mike aportará algo que generará un montón de relatos excitantes: el rabo más grande que estos chicos han visto, y eso que ellos mismos no andan mal parados... Ve descubriendo aquí cada relato.




Ahora en Wattpad

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Protagonistas de los relatos: Hugo
















Hugo es un chaval de 21 años que vive en el mismo pueblo que Álex, muy cerca de FuckingCity. De hecho va en bus cada día a la ciudad a estudiar en su Universidad.

Es el más cachitas de los chavales del grupo, con un cuerpazo bien definido. Rubio y de ojos verdes, es además bastante guapo, y esto, junto con su carácter abierto y desinhibido, le ha permitido ligar siempre todo lo que ha querido, aunque hasta hace poco había sido únicamente con chicas.






miércoles, 9 de agosto de 2017

Protagonistas de los relatos: Álex

 

Álex es un chaval de 22 años, espabilado, inteligente y buena persona.
Tiene un par de ojazos azules, un pelo que se deja cuidadosamente despeinado y un cuerpo fibradito y marcado. Con su cara de niño bueno no tendría problemas para ligarse a quien quisiera, si no fuera porque es un poco patoso y eso le vuelve algo inseguro. Si hay algo con lo que se pueda tropezar, se tropezará. Si hay alguna posibilidad de caerse, se caerá. Si es posible meter la pata de algún modo, la meterá.


Esto lo compensa con un carácter encantador y siendo alguien de total confianza y honestidad: tiene cara de niño bueno porque realmente es un buen chico.

miércoles, 19 de julio de 2017

Alex solito en su dormitorio






Después de lo pasado en el bus fui derecho a casa. Entré en mi habitación, lancé la mochila a una esquina y cerré la puerta.

Estaba muy, muy cachondo. El tío que llevaba observando tanto tiempo sin atreverme a decirle nada quería que me zampara su rabo... Era alucinante, no me lo creía. Solo con volver a pensar en cuando me puso la mano sobre su paquete me empalmé sin remedio. Necesitaba hacerme una buena paja, pero ya.

Me miré en el espejo de mi armario. Creo que no estoy mal, con mi cara de niño bueno y mi pelo despeinado. Y me esfuerzo un poco por tener buen cuerpo, marcando abdominales.

Me saqué la sudadera, la doblé con cuidado y la dejé sobre una silla. Luego pensé lo que estaba haciendo y decidí que debía echar pasión al asunto. Cogí la sudadera de nuevo, la desdoblé, la di un par de vueltas sobre mi cabeza sin dejar de mirar mi reflejo en el espejo y la lancé. No sé dónde caería, ya la buscaría después.

Pasé a los pantalones. Me los desabroché lentamente. Primero el botón de los vaqueros. Luego la cremallera. Descendía despacio, con un ruido suave, sobre mi paquete caliente. Luego decidí que mejor me los quitaba rápido, medio bailando. Y cuando estaba a la pata coja tratando de sacarme una patera (mierda de moda juvenil y vaqueros estrechos) perdí el equilibrio y caí sonoramente al suelo.

—¿Cariño, estás bien? —Mi madre, a través de la puerta.

—Sí, sí, sí; todo bien, genial, de maravilla.

—Vale cielo. ¿Vas a salir a comer pronto? Ya sabes que luego viene tu tía abuela Gertrudis a visitarnos y tiene muchas ganas de verte.

—¡Qué bien! Lo estoy deseando mamá. Es mi tía abuela favorita, con esa manía de que coma más de todo, que estoy muy delgado, y la nube con olor a naftalina que la envuelve...

—Pues agárrate, que dice que nos va a presentar un novio que conoció en Benidorm.

—Joder, mamá, a sus años... ¿Quién es, Matusalén?

—¡Cariño, esos modales!

Los pasos de mi madre se alejaron de mi puerta. Esperé todavía un poco más antes de acabar de quitarme los pantalones, sentado en el suelo, y arrojarlos a un rincón, ya sin baile ni porras.

Me levanté y volví a mirarme en el espejo. La excitación seguía anidando en mi rabo, que abultaba el slip como si fuera a desgarrarlo. Parecía una peli de Ridley Scott.

miércoles, 12 de julio de 2017

Alex y Hugo, mamada en el bus 1



Me llamo Álex. Todos los días, ya sea para volver de la Universidad o de mi trabajo de becario, según el día, cojo el mismo autobús. Llega un momento en que reconoces al resto de gente que lo coge también. Se convierten casi en viejos amigos, aunque jamás intercambies una palabra con ellos. Un día te sorprendes pensando "andá, la señora del bigote no ha venido hoy", o algo como "el señor de los pelos en las orejas hoy se ha sentado en otro sitio". No los conoces, pero los ves a diario e inevitablemente se genera una sensación de grupo.


Desde el principio me fijé especialmente en uno de los pasajeros del bus. Un chaval de mi edad, rubio, pelo de punta, ojos verdes, cuerpazo, muy guapo. Se sube al bus dos paradas después de la mía. Le suelo mirar cuando avanza por el pasillo, con aire distraído, como si no me interesara y solo reconociera en él a uno de los pasajeros habituales. Luego se sienta en mi misma fila de asientos, al otro lado del pasillo. Y yo finjo que miro por la ventanilla cuando en realidad intento atisbar su reflejo en el cristal. Me gusta, me parece muy sexy.


Tampoco es que nunca haya pensado en decirle nada. No parece que me devuelva las miradas. Yo no soy feo (pelo castaño, despeinado, labios carnosos, ojos azules, no puedo decir que tenga mal cuerpo...), pero soy bastante patoso, y eso me hace tímido.
Cada día, el autobús hace su recorrido interurbano: atraviesa dos ciudades antes de llegar al pueblo en que vivo. Los pasajeros se van bajando a lo largo del camino. Desde la segunda ciudad hasta mi pueblo hay un trecho de carretera sin paradas, y solemos quedar solamente este chico y yo. Sería el momento perfecto para entrarle, pero nunca me he atrevido. ¿Y si se enfada y me la lía en el bus que tengo que coger cada día?


Así que callo, miro su reflejo en la ventana, le veo alejarse en dirección contraria cuando nos bajamos y me desfogo en casa con el mal simulacro de una paja que sustituye apenas lo que me encantaría que pasara realmente.


Hasta hoy.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Relato: Elige tu propio polvo 3






Esto es parte de un relato, si quieres comenzar por el principio, pulsa aquí.

 

El camarero era un tiarrón que me dejó sin aliento. Llevaba una chaqueta que marcaba sus pectorales musculosos, y las mangas debían de estar a punto de estallar. Buen culo, piernazas y un rostro atractivo, con barbita y unos ojazos de impresión. Traía unas bebidas, y yo no dejaba de mirar sus manos, grandes, fuertes. Las imaginaba ya por mi cuerpo mientras yo le sobaba a él.
 


 

Debió de darse cuenta de que estaba empalmado, porque me pareció que me miraba el paquete de reojo. Ah, otra vez, sí, seguro que me lo ha mirado.

Cuando acabó, se quedó esperando por la propina. Ya verás, machote, no te han dado una propina así en tu vida…